de piratas y corrientes

Fuera de sí.

Las horas avanzan y no sé cómo funciona el reloj. Necesito parar el tiempo. El instante cesa y se avecina la siguiente tormenta, no hay rumbo ni salida,

solo dolor.

Una nueva furia acompaña al resorte del tiempo. Las agujas amenazantes arriban como un pirata a tierra buscando el siguiente tesoro.

El cofre está vacío.

La lluvia ya rebosa el sifón y el sol está tímido por salir hoy; y ayer; y mañana,

y siempre.

Estática, hago tiempo hasta que me alcance la vida. O la muerte. No sé.

¿No es el destino el que tiene que arribar y no yo? ¿No está todo escrito y todo viene cuando menos te lo esperas?

Tal vez no y alguna parte de mi sigue en la orilla, viendo como mis huellas se pierden con la espuma de cada ola.

Olas, movidas por una luna llena que no entiende de justicia soportando navíos a merced de una marea sin causa, pero ¿somos la ola y somos el navío? ¿Y si fuera el capitán el único capaz de contener el péndulo?

Se lo pregunté: ¿Tienes tú, pirata, la forma de parar el tiempo?

Me contestó que los piratas no saben de relojes, pero si de brújulas, y que, en lugar de cambiar el tiempo, que sirve a la corriente, cambia el rumbo del que es dueño mi corazón: mi pirata.